El cuchillo en la pared

Abre el Ojo 18 December, 2011

 En una zona verde de la Plaza del Carmen de Madrid alguien pintó encima de una señal de “No pisar el césped” lo siguiente: “NO DUDES”. Muchas veces las decisiones inmediatas son las que provocan las acciones más originales.

 Qué bruto, qué divertido. Algún trabajador, decidido a iluminar el rinconcito más recóndito de la cafetería del Círculo de Bellas Artes, estuvo todo el día colocando luces para que finalmente aquel dichoso foco no fuera lo suficientemente rígido. Vemos cómo un cuchillo corta la caída de semejante fuente de luz. Incluso podríamos imaginarnos el diálogo entre ambos trabajadores.
El cuchillo aguanta, vamos que si aguanta. La pintura que lo mancha delata que, pasado el tiempo, volvieron a dar alguna otra mano de pintura respetando el lugar de aquel pluriempleado cuchillo de carne.
No sabemos si ocurrió así. Lo que sí tenemos claro es que descubrir esa pequeña herramienta de cocina en la pared de este imponente edificio modernista resulta salvaje, insensato, espontáneo. Un descanso para la mente de aquellos que corremos frenéticos por las calles de la ciudad.

EL POTENCIAL CREATIVO

Recuerdo que una vez, trabajando en la oficina, me quedé mirando la siguiente escena: un compañero tomaba unas tijeras y, con ellas abiertas, cortaba con sumo deleite un lápiz de goma extralargo, de otra compañera, por la mitad. Segundos después, se avergonzó de su arranque podador. Me resulta fascinante tal impulsiva acción, alejada del autocontrol cotidiano.
El movimiento primitivo, animal, libre de prejuicios, será entonces la esencia de lo original. “Abrazar el desorden como un trampolín de estilo”, escribió Hakim Bey.

ARTESANÍA. LA MANO CREADORA

  Mientras lees estas líneas, el cuchillo sigue sosteniendo el inclinado foco. En este tipo de elementos únicos y expresivos, encontramos también la personalidad de quien lo ha fabricado. Esto mismo ocurre en la artesanía: el artesano deja su rastro en las imperfecciones del objeto, en los detalles o en la heterogeneidad de las formas que el creador no puede ni debe evitar. Una cesta de mimbre que ondula el espacio estableciendo un diálogo con aquel que la contempla; taburetes de madera, orgullosos de sus curvas, recuerdan la naturaleza arqueada original siendo árboles. Poseen la huella resolutiva del artesano, al igual que un dibujo posee el trazo del dibujante.

LA HERMOSA IMPERFECCIÓN DEL WABI-SABI

Relacionado con lo fortuito y esporádico, hallamos el término estético japonés “Wabi-sabi”, desarrollado durante la dinastía Song. Es un término ambiguo de definir, conforme con la filosofía Zen, defiende la aceptación de lo existente en cuanto a su propia existencia, haciendo hincapié en la impermanencia del ser. Para Buda, una de las cuatro nobles verdades es ésta: la vida es sufrimiento. Los objetos con estética Wabi-sabi tratan de mostrar una faceta nostálgica, imperfecta, rugosa. Piezas íntimas y únicas:
Busca la belleza en los detalles más pequeños e imperceptibles sin compartir las ideas convencionales de belleza.
Utiliza aquellos que muestran el paso del tiempo, cuya degeneración natural sea expresiva y atractiva. La superficie es arbitraria con texturas formadas a partir de procesos esporádicos. Sus formas suelen ser asimétricas o irregulares, que surgen de las propiedades físicas de los materiales utilizados sin que contengan ningún simbolismo intencionado.

Artículo publicado en la revista digital abreelojo nº 17

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